España.El odio y el rencor se ocultan detrás de su necio y persistente ‘no es no’..!!!

Arrancamos mes, 1 de septiembre de 2016, y lo hacemos con el tema estrella, la no investidura en primera votación de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. No sorprende el resultado, 170 votos a favor y 180 en contra, puesto que era lo esperado.

Por eso, los columnistas se centran más en zurrarle la badana a aquellos políticos, en concreto uno, que está bloqueando la situación de gobernabilidad en España. El ‘premio’ se lo lleva Pedro Sánchez, al que le ponen bonito en prácticamente todas las tribunas de opinión.

Empezamos con Gabriel Albiac que tritura cual tomate de Buñol al secretario general del PSOE:¿De qué está hablando Sánchez? De «no es no», y eso es todo. Sencillo y comprensible, se diría. Mas la tautología oculta siempre, en su incurable charlatanería, que su ruido nos habla de otra cosa. Nadie enuncia que «A es A», si no tiene en la mente pasar bajo silencio a un tercero furtivo. Y es que está hablando siempre, no de lo real que invoca, sino de su deseo. Que no es muy confesable. Nadie consagra nunca un enunciado huero -«no es no»-, si no está sopesando cómo entre el «no» y el «no» se juega una fractura, a cuyo través salvar su cabeza.

¿Por qué quien administra seis millones de votos de asqueados electores españoles ha apostado por reducir su voz a un flatus vocis puerilmente solemne: «No es no» y punto redondo? No tendría en eso el clásico, claro está, muchas dudas: «Negar algo equivale, en el fondo, a decir: esto es algo que me gustaría reprimir». No-es-no sólo es el síntoma de lo más primordial en la precaria cabeza de Sánchez: «No, no quiero no ser». Lo que es lo mismo: no quiere ser, de nuevo, Pedro Sánchez; ese que sólo es -sólo- una triste etiqueta de la nada. Pues no tiene ante sí el líder del PSOE, de no ser presidente, más que el verse devuelto a su gris nadería. ¿Volver a lo que fue, a lo de antes de ser el rimbombante secretario? ¿Alguien recuerda qué ha sido, antes de eso, el negador audaz de negaciones?

Y sentencia:

No hay nada racional en que se asiente el muro -el «no que es no»- de Pedro Sánchez. Hay el rencor, el odio: ésa es la clave. Sin sentido. Y temible.

Ignacio Camacho considera que Mariano Rajoy salió más que vivo del debate y en parte justifica a Pedro Sánchez porque tampoco le quedaba otra que cumplir con lo que había anunciado insistentemente durante los días previos, su no rotundo al candidato del PP:

Muy mejorado respecto a su gélida versión del martes, Rajoy ganó ayer el debate pero perdió la investidura. O al revés. Ya hizo más que Sánchez en marzo, que salió trasquilado de la votación y recibió además varios repasos dialécticos. El candidato actual al menos se fue vivo de la encerrona, dispuesto a seguir intentándolo… si le dejan, que esto fue lo que no quedó claro. Porque al margen de ver al presidente más chispeante y zumbón, al Rivera más constructivo, al Iglesias más demagógico y al Tardá más desbarrado, la sesión dejó dos incógnitas sin resolver, y no menores. Una, la de si el pacto entre el PP y C’s sobrevivirá más allá del viernes. Y dos, la de si el líder socialista piensa explorar la «vía Frankestein».

 

Pero no descarta un posible acuerdo de Sánchez con Podemos, nacionalistas y bilduetarras, el llamado Gobierno Frankenstein:

Fuera de eso todo resultó pirotecnia, cháchara de tono electoralista. El asunto esencial sigue en manos de un Sánchez pétreo que no da pistas. En su discurso de postulación, Rajoy había dejado dicho que fuera de la suya no existe ninguna «alternativa razonable». Ayer quedó flotando en el hemiciclo la hipótesis de que surja una no razonable. O sea, un disparate.

Luis Ventoso habla de Pedro Sánchez como un dirigente de cartón-piedra y destaca que cualquier líder territorial del PSOE tiene más hechuras de líder que el jefe de Ferraz:

Veraneando de aquí para allá, Sánchez habrá tenido la oportunidad de palpar la vida a pie de calle. A nivel más modesto, uno también ha descansado en España. Pero por lo visto, el prestigioso líder del PSOE y yo hemos estado en dos planetas diferentes. Yo he visto un país del primer mundo, libre y seguro, de alto nivel de vida y abarrotado de visitantes. Él dibuja un país destrozado y subyugado por la bota represiva del PP.

Y acaba dejando en evidencia al cabeza de lista del PSOE:

Ningún jefe de la oposición de Francia, Alemania o el Reino Unido osaría a acusar al gobernante, gratuitamente y en sede parlamentaria, de cercenar la democracia. El PSOE y sus votantes no se merecen un dirigente de cartón piedra, que oculta su indigencia programática con el «no» como único argumento y que repite como un guiñol los tópicos más sobados del apocalipsis televisivo (la patada en la puerta, el fin de la sanidad pública). ¿Qué le ven? ¿Por qué no lo echan? Fernández Vara hasta parece Roosevelt al lado de este político agrio, hueco y dos veces rechazado en las urnas.

En La Razón, Martín Prieto también se refiere a Pedro Sánchez como un rencoroso de tomo y lomo:

Con lo bien que le ha ido en la vida privada a este chico bien del Ramiro de Maeztu no se entiende que destile tanto rencor social sobre la derecha de la que procede. Alto, fachón, carilindo, se yergue en las tribunas como un macho alfa, sin atisbo de humildad y siempre con el dicterio desenfundado. Este hombre si no ofende no sostiene la empalizada de su rosario de mentiras. No cuenta con asesores sino con un equipo de obsecuentes que no le aconsejan abandonar la pose de vengador justiciero del oeste. Habla en un tono innecesariamente irritante, parece que mastica poderosamente dos grandes chicles frunciendo la musculatura facial y emite la sensación de que va a pegarnos.

En El Mundo, Raúl del Pozo está convencido de que Rajoy salió reforzado como líder del PP tras el debate de investidura, a pesar de que la votación le salió desfavorable para ser elegido presidente del Gobierno:

Rajoy no logró la mayoría para ser investido, pero se consolidó como líder del PP. «Mariano ha estado bien», le digo a un colega que tiene buen rollo con Pedro Sánchez. Mi amigo contesta: «Ha sido un gran discurso de despedida». Cree que Pedro acertó con su majismo obstruccionista y su discurso áspero.

Recuerda que:

Rajoy entró al Hemiciclo como un cocodrilo leproso y puede salir como un político renacido. El cocodrilo -Leviatán para Hobbes, zapato desclavado para Ramón- es paciente y feroz y tiene gran capacidad de supervivencia. Ayer, Rajoy estuvo brillante y demoledor en la, quizá, mejor intervención parlamentaria de toda su vida. Empleó el sarcasmo: «Usted es el único decente. La fuerza esencial de la virtud», le dijo a Pablo Iglesias. El presidente utilizó talento retórico, ironía y, sobre todo, mayéutica -el arte de la comadrona- para ir sacando las contradicciones de sus adversarios a base de preguntas capciosas e insidiosas.

http://www.periodistadigital.com/

MRF

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